Ser o no Ser en la era Facebook por Sarraille Sabrina

Qué mostramos a través de la pantalla? ¿Qué es lo qué queremos que sepan de nosotros? ¿Somos lo que decimos ser o somos quienes deseamos ser? ¿Qué ve el otro cuando nos mira? ¿Qué vemos y que nos interesa ver del otro?. Todos estos interrogantes son inquietudes de un siglo en que cual la transparencia y la realidad parecen ya haber pasado de moda.

   Las redes sociales son uno de los servicios de Internet más usado en todo el mundo, desde grandes a chicos, desde empresas importantísimas que lo eligen como herramienta de publicidad masiva hasta abuelos que lo hacen para entender de que hablan los nietos. Todos o casi todos están en Facebook.

Paula Sibilia en su libro “La intimidad como espectáculo” menciona entre otras cosas como “en esta cultura de las apariencias, del espectáculo y de la visibilidad” pesa, es decir, es importante “el reconocimiento en los ojos ajenos y sobre todo, el codiciado trofeo de ser visto”[1].

De chicos nos enseñaban a que los problemas de la casa se hablaban en la casa y se trataba de buscar una solución pero de las puertas para adentro, que los grandes amigos de la vida que nos iban a acompañar siempre iban a ser pocos y los íbamos a poder contar con las dos manos, nos regalaban diarios íntimos a las nenas para que escribamos nuestros secretos, esos que le contábamos al papel y que guardábamos bajo llave.   Cuando éramos chicos existían dos mundos, el de afuera y el de adentro y sabíamos reconocer bien cuál era cuál. Hoy esos mundos se unieron, y las diferencias ya no existen, se han mezclado y nosotros en lugar de reaccionar y hacer lo imposible por aislarnos para resguardarnos, nos hemos dejado llevar como si solo se tratara de un juego divertido.

Las redes y el mundo de Internet en sí nos colocan como en lugares de privilegio, nos agrandan, nos endulzan, y nos conquistan, nosotros consumimos continuamente todo lo que el mercado, mediante esas tácticas, nos venden. Nuestra vida es una “vida de consumo” diría Zygmunt Bauman y definiría a esta sociedad de consumidores como “un conjunto específico de condiciones de existencia bajo los cuales son muy altas las probabilidades de que la mayoría de los hombres y mujeres que adopten el consumismo antes que cualquier otra cultura, así como las de que casi siempre hagan todo lo posible por obedecer sus preceptos (…) en otras palabras, <<la sociedad de consumidores>> implica un tipo de sociedad que promueve, alienta o refuerza la elección de un estilo y una estrategia de vida consumista, y que desaprueba toda opción cultural alternativa(…)”[2] .

Hoy el estilo de vida que elegimos es el de estar en red, de tener el mejor servidor de banda ancha y de comprar el último celular para poder Twittear desde el subte. Facebook ya no invierte en su promoción porque ha llegado a un número tan inimaginable que no le hace falta, solos creamos más y más cuentas. Es en esta vida de consumo que nos encontramos nosotros frente a ellos, ellos que nos venden lo que nosotros queremos para sentirnos poderosos, llamativos, diferentes y parte de todo. Somos nosotros los que retroalimentamos un sistema que muchas veces no nos cierra tanto.

Ahora es cuando parecemos tenerlo todo, escribimos cualquier cosa en nuestro perfil y durante los primeros segundos no podemos sacarle los ojos de encima a la pantalla de la pc para ver si alguien notó nuestra publicación. Nos creemos periodistas, rebeldes, contestatarios, graciosos, vanguardistas y famosos. Si, nos creemos famosos. Buscamos que el otro nos lo haga sentir porque es esa la base de este juego. Como dice Paula Sibilia: “Si los comentarios dejados por los visitantes de los blogs y fotologs son fundamentales, es porque los autores necesitan ese apoyo público: ellos, los sujetos creadores, y no sus obras entendidas como objetos creados”[3] De no ser así caemos en realidades que no son tan atractivas ni efímeras como las que el Facebook o el Twitter nos hacen vivir.

En relación a esa necesidad constante de ser festejado por otros citamos  al autor José Antonio Marina quién en su libro “Las arquitecturas del deseo” clasifica los deseos de la sociedad en tres categorías: el deseo individual, el de vincularse con otros y  así pertenecer a un grupo y el de más poder para construir. Nosotros nos vamos a concentrar en el segundo, en el de pertenecer. Marina lo define como “el deseo de relacionarse socialmente, formar parte de un grupo y ser aceptado”[4] Podría ser textualmente la definición de Facebook. Hoy y aunque de manera poco convencional para algunos esta red “permite” eso. La creación de un espacio con tus datos a mostrar, ya sea tu nombre, tus estudios, como se conforma tu familia, tus fotos y tus gustos son la carta de presentación a la comunidad que puede o no aceptarte. Para esto deberás mandar “solicitudes de amistad” y esperar a que el otro te confirme como amigo o no.

Estos conceptos que parecen ser tomados con bastante liviandad están cargados de una ideología superficialmente frívola. Esperar que alguien te acepte como amigo porque se lo estás pidiendo a través de un mensaje que llega con la mejor foto que elegiste nos hace acordar al “¿Querés ser mi amigo?” de la salita de cinco del jardín de infantes. Entonces, ¿por qué accedemos a esto? ¿Será qué no nos damos cuenta del modo en que somos tratados en esta comunidad?

Sarraille Sabrina.


[1]  “La intimidad como espectáculo” Paula Sibilia  (Pág.130),  México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Guatemala, Perú y Venezuela. Editorial: Fondo de Cultura Económica 2008

[2] “Vida de consumo” Zygmunt Bauman (Pág.77-78) México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Guatemala, Perú y Venezuela. Editorial Fondo de Cultura Económica 2007

[3] “La intimidad como espectáculo” Paula Sibilia  (Pág.35),  México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Guatemala, Perú y Venezuela. Editorial: Fondo de Cultura Económica 2008

[4] “Las arquitecturas del deseo” José Antonio Marina (Pág.117) Barcelona Editorial Anagrama 2008

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Publicado el diciembre 10, 2011 en Notas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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